viernes, 23 de noviembre de 2012

El sintoísmo, sus rituales y el Setsubun


Los rituales del sintoísmo son el puente comunicativo entre el hombre y el dios (神, kami). En la antigüedad, esta actividad se hacía en forma de baile, en el cual una mujer, la shaman (シャマン), era poseída por el espíritu del dios y así bendecía a los infantes, curaba las enfermedades o simplemente rezaba por unos buenos. Se les ofrecía a los dioses ofrendas (神饌, shinsen) en forma de comida exquisita y sake de la mejor calidad. A día de hoy, esas actividades se han expandido e incluso puede bendecirse un edificio, un coche e incluso una tarjeta de crédito.



El baile más antiguo japonés (registrado también en el Kojiki 古事記, según el cual fue la diosa Ame-no-Uzume 天宇受売命 la primera en hacerlo) que aún se realiza en la actualidad por jóvenes mujeres se llama Kagura 神楽, y contiene un sinnúmero de danzas y rituales relacionados con el sintoísmo. Está estrechamente ligado con el shamanismo, el animismo, la adoración a un dios, a la naturaleza y a la fertilidad.

Pero el pilar principal de dichos rituales es la dualidad de los conceptos puro (清め, kiyome) e impuro (穢れ, kegare) en el mundo sintoísta (versus el bien y el mal en las religiones occidentales). Varias formas de combatir esa impureza son el uso de la sal o el arroz, o el zarandear ramas de cleyera japónica (榊, sakaki). Hay tres ritos principales: 

  1. abstención y elusión de varios elementos (según la rama del sintoísmo) requerido únicamente en los sacerdotes
  2. deshonras accidentales (inclusive las menarquías) 
  3. el ruego de la “descontaminación” de un acto impuro grave. Es por eso por lo que uno de los pequeños rituales es que, cuando se entra en un templo, uno se lava tanto las manos como la boca (手水, temizu) antes de presentarse ante el dios.

De entre todos los rituales, los más conocidos son los del día de Año Nuevo (元日, ganjitsu) donde el sacerdote o la miko zarandea sakaki encima de las cabezas de los ciudadanos y juntos comparten una oración, un festín y sake sagrado del templo. También son conocidos el Setsubun (節分) tanto de primavera como de invierno que invita a las buenas cosechan y ahuyenta a los demonios, conducidos por un baile de mujeres vestidas en kimono; y también hay los festivales veraniegas donde la intención es rezar para evitar epidemias de enfermedades.

Pero en la sociedad japonesa no son sólo los grandes rituales los que evidencian la presencia del sintoísmo, sino las pequeñas acciones. Cuando un japonés dice 頂きます (itadakimasu) le está dando las gracias a las tierras, a los agricultores y al cocinero que trabajaron esa comida.

Una de las celebraciones más conocidas derivadas del sintoísmo es el Setsubun 節分, literalmente: separación de estaciones. Este matsuri, que se lleva a cabo el 3 de febrero en todo el país, es una invitación a las buenas cosechas y una despedida a los malos tiempos del año pasado.

Antaño, cuando el calendario japonés seguía el chino, esta celebración indicaba el comienzo de un nuevo año junto a la entrada de la primavera. Teóricamente esta celebración se cumple en la entrada de las cuatro estaciones del año, pero la más conocida es, sin duda, la que le da la bienvenida a la primavera (立春, risshun).



Los ciudadanos se congregan en los jinja 神社 (e incluso en los otera お寺) donde el sacerdote recita una oración y todos los miembros beben del mismo sake sagrado. Una vez terminado, los sacerdotes lanzan fukumame 福豆 (fukumame) y dulces e incluso sobres con dinero y todos comen las judías de cara al punto cardinal que trae la fortuna según el año del calendario chino. Esta celebración no se lleva a cabo únicamente en los jinja (y otera) sino que también en las casas privadas, donde es el hombre de la casa o el varón que sea del mismo animal del zodíaco chino que el año en cuestión quién lanza las mame (豆) para purificar su hogar. Tanto en los templos como en las casas, es costumbre gritar 鬼は外、福は内 (oni wa soto, fuku wa uchi) mientras se lanzan las judías.

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