sábado, 6 de octubre de 2012

Los nuevos grupos religiosos


Japón no comenzó a tener consciencia de tener una religión propia (el sintoísmo) hasta que se produjo el contraste de ideas con el budismo chino así que, a diferencia de otras culturas y sociedades que desde un principio basaron toda su existencia en la creencia de unas divinidades mayores, el país nipón no parece haberse preocupado más que de justificar la presencia del emperador. Es indudable afirmar que Japón es un claro ejemplo del concepto de “sincretismo religioso”: un mismo individuo puede basar su filosofía en el confucianismo, su doctrina en el sintoísmo y, finalmente, su visión de la vida y la muerte en el budismo.


Los años 90 en Japón produjeron grandes cambios, no sólo en la economía y la sociedad, sino en la mentalidad de las personas. La Segunda Guerra Mundial había quedado atrás y abundaba el dinero y las riquezas, y pronto los japoneses perdieron de vista lo que su historia les había enseñado no hacía ni medio siglo. Fue también el que Japón se convirtiera en un país oficialmente laico lo que impulsó a muchas organizaciones a convertirse en “nuevas religiones”, en muchas ocasiones denominadas despectivamente “sectas”. Éstas suelen combinar muchos aspectos del sintoísmo y del budismo, y un gran número incluye también las doctrinas cristiano-católicas. ¿Por qué se unían los japoneses a dichas “sectas”.

Una de las más conocidas y polémicas es, sin duda alguna, Aum Shinrikyo, fundada por Asahara Shoko (nombre real: Matsumoto Chizuo) en 1984. Esta organización comenzó como un club de yoga donde se enseñaba la filosofía del gurú a cambio de una cantidad alta (si la organización pasaba por un momento económico próspero, la inscripción podía incluso superar el millón de yenes). Según varias entrevistas realizadas por Murakami Haruki a miembros o exmiembros de Aum, Matsumoto tenía un “aire” especial, una energía espiritual absorbente e imposible de ignorar. Cuando les preguntaban el por qué de su atracción, muchos admitían sentirse desasociados con respecto a la comunidad nipona. Aum, decían, les ofrecía vivir una utopía.


(Para saber más acerca del ataque de gas sarín en Tokio: 1234)

Pero no todas las sectas están ligadas al terrorismo. Otra de las religiones más conocidas es Soka Gakkai, que basa sus enseñanzas en el budismo Nichiren y en el Sutra del Loto. Su objetivo es la reforma individual (llamada también “revolución humana”) para así lograr la paz y la felicidad eterna e indiscriminada además de la mejora a nivel personal. Pacífica hasta la médula, Soka Gakkai incluso apoya a la ONU y tiene varias oficinas de enlace y colaboran para ayudar tanto a nivel nacional como internacional.

Es por ese motivo por lo que no se puede tachar a todas las nuevas religiones de asociaciones terroristas y malignas, ni a todas de buenas y salvadoras. ¿A qué se debe este “boom” de religiones en los 90? Probablemente la sociedad creció a un ritmo demasiado rápido, tanto que sus propios habitantes se sentían perdidos después de tantos cambios en el siglo XX (entre ellos, las dos guerras mundiales).

1 comentario:

Mar dijo...

Seguro que te hubiera interesado un seminario que hicieron durante la escuela de verano de doctorado en la FTI precisamente sobre este tema. Yo lo desconocía por completo y me pareció francamente interesante.