miércoles, 11 de abril de 2012

Murakami, Haruki (2/6)



  • La internacionalización de Japón 
En 1964, Tokio fue el huésped de los Juegos Olímpicos. Como todos los países que han hospedado este evento deportivo, Japón pudo darse a conocer ante todo el mundo como un país avanzado que estaba saliendo de la crisis económica (además de que querían librarse del estigma mundial que cargaba tras haber pedido la Guerra).

En 1966, los Beatles actuaron en el Nippon Budokan de Tokio. Como en esos momentos Japón era un país aún muy nacionalista y de derechas, hubieron muchísimas protestas por usar ese estadio como sala de conciertos (y no para torneos de artes marciales). Sin embargo, también habían numerosos fans que esperaban el concierto ansiosamente.

En 1970 se celebró en Osaka el “Osaka International Exposition” (日本万国博覧会), del 15 de marzo al 13 de septiembre. La exposición giraba alrededor de “el Progreso y la Armonía de la Humanidad” (人類の進歩と調和). Participaron 77 países en este acontecimiento y más de 64 millones de personas lo visitaron.

  • 1995: Uno de los peores años de Japón 
En 1995, Murakami Haruki era ya un escritor famoso, ya que fue en 1987 cuando Tokio Blues (ノルウェイの森) saltó a la fama. A causa de ese gran éxito, y debido a su naturaleza tímida e introvertida, Murakami decidió que saldría de Japón y se fue a vivir a Europa y a Estados Unidos. Sin embargo, volvió a su país natal después de los dos grandes desastres que arrasaron Japón en 1995.

El primero ocurrió el 17 de enero, a las 05.46. Un terremoto de M6.8 (7.2強 en la escala japonesa) sacudieron la ciudad de Kobe durante más de 20 segundos. Murieron 6434 personas y los daños materiales costaron 100.000.000.000 dólares. Fue el peor terremoto del siglo XX, seguido del terremoto de Kanto en 1923 (140000 víctimas mortales).

El segundo ocurrió el 20 de marzo, en la hora punta de los medios de transporte en la capital nipona. La secta religiosa Aum Shinrikyo, liderada por Asahara Shoko, atacó 5 trenes con gas sarín, un veneno letal (una gota del tamaño de la punta de un alfiler podría matar a un adulto). Hubieron 13 víctimas mortales y miles de afectados (nunca se dio un número concreto, ya que muchas de las víctimas ocultan esa experiencia). Obligó al gobierno japonés a darse cuenta de que no estaba preparado para actuar en semejantes circunstancias, ya que su reacción fue muy lenta. Salieron a la luz muchas críticas a la sociedad japonesa, ya que, según varios testimonios, muchos transeúntes se acercaban pero no supieron socorrer a las víctimas.

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