sábado, 31 de marzo de 2012

Una pasión que te roba la universidad y te devuelve el trabajo

Hola a todos,

Últimamente he estado enterrada bajo una montaña de trabajo, y pese a que tengo un dolor de cabeza continuo, me duele la espalda por sentarme mal y llevo más de 48h comiendo mal y bebiendo más café que agua... ¡soy la traductora más feliz del mundo!

Para mi traducción había sido siempre algo que quería hacer. Cuando tenía 16 años me imaginaba a mí misma de mayor sentada en una oficina (en mi casa), con el suelo de parqué, las paredes cubiertas de estanterías del mismo color que el suelo y llenas de libros y manuales y diccionarios y gramáticas, y con un escritorio delante de la ventana que tendría cortinas blancas también. Curiosamente, yo también vestiría de blanco (tal vez deba culpar las horas que me pasaba mirando la TV y, por ende, los anuncios de Ariel y demás detergentes). 

Y cuando entre la universidad y comencé a finiquitar asignaturas y a llenar mi expediente... me di cuenta de que la idea que me había hecho estaba muy equivocada. 

Y es que cuando te pasas horas delante del ordenador para traducir un texto que los profesores se han sacado de la manga (bueno, no todos, pero prometo que he tenido profesores muy extraños), cuando éstos te obligan a leerlo en voz alta y te lo critica sin piedad... terminas perdiendo un poco esa motivación del principio. Porque, repito, mi facultad no carece de buenos profesores, pero puedes contarlos con los dedos de una sola malo. 

(el estado de mi escritorio después de una semana de trabajo sin descanso)

Algo que me apasionaba antes de los 18 terminó siendo una pesadilla. 

Ahora, sin embargo, aquí me encuentro. Traduciendo de forma freelance. Y lo mejor de todo es que la temática me es indiferente. Ya pueden darme una entrevista, un capítulo de una serie, o un CV. Cuando me siento delante del ordenador, no me levanto de la silla hasta que termino mi trabajo. Y ya puede ser algo que en mis "años mozos de universitaria" hubiera considerado un fastidio, ahora la profesionalidad de mi trabajo me obliga a dar el 300% de mi capacidad y me ha devuelto las ganas. 

Así que a todos aquellos que estéis aún atrapados dentro de mi carrera y que le hayáis cogido manía a la traducción: no os desesperéis. En mi caso, la facultad ha sido como una aspiradora. Me quitó todas las ganas de ser una traductora profesional. Pero una vez sales a la calle como traductor, las ganas vuelven por triplicado. 

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