sábado, 12 de junio de 2010

"Tu dolor es igual que el mío"

Acabo de escuchar por la radio una tragedia, una noticia que describe un accidente de coche y cuatro víctimas mortales. La causa parece ser (remarco que es que "PARECE SER" porque no he empezado a escuchar en serio la noticia hasta casi después de la mitad) que una conductora de nacionalidad china ha invadido el carril contrario y ha ocasionado dicho accidente. Si no he oído mal, una de las víctimas era un menor de edad.

Pienso y reflexiono sobre esta tragedia y no puedo evitar estremecerme.

Mi experiencia me ha demostrado que a la gente le gusta echar la culpa, la gente evita responsabilidades y si puede convertir su dolor en odio, lo hará con gusto.

Y, si le añadimos a esto que hace poco he tenido que hacer un trabajo que involucraba la palabra "xenofobia", me he sentido un poco intranquila.

Espero, espero de verdad, que por culpa de esta tragedia no se cometan más crímenes morales y éticos contra la población china en este país. Padres, familiares y amigos de las víctimas estarán tristes, destrozados, no lo dudo, pero ruego desde aquí que por eso no se odie a la comunidad china. Suplico a quien me escuche que nadie que esté pasando por un momento tan crudo tenga que contaminar ese sentimiento tan profundo y triste con algo tan corrupto e impuro como el odio. Y más cuando ese odio es como la xenofobia, una aversión contagiosa y peligrosa, más siquiera que la invasión de un carril.

¿Por qué digo todo esto? Porque la xenofobia es algo que está más presente en nuestra sociedad de la que nos esperamos: una misma servidora aún recibe miradas extrañas de personas que me conocen desde que soy pequeña. Y yo aún he tenido suerte, porque la familia china que ha vivido siempre con nosotros sí que son poco apreciados, poseen numerosos restaurantes y tiendas y ahora la cafetería más conocida y apreciada.

¿Por qué ahora nadie va a esa cafetería? Casi siempre que entro, está vacía.
¿Por qué los clientes les gritan a los camareros? Son chinos, no están sordos, y te entienden.
Incluso una mujer de aquí dijo "Es que no me gusta ir allí... verás, la revista tal ha dicho que son malos y que es mejor no ir" o, lo que es peor, "¡Es que me ponen nerviosa! Entro, y vienen enseguida y me preguntan qué quiero".

No sé si reír o llorar, porque no hace ni falta que comente lo absurdo y estúpida que es esta afirmación.

Pero volviendo al tema: una tragedia es una tragedia. Lo digo porque tengo la fría y escalofriante certeza, ¿quién habrá pensado en ella, en la mujer china? Los familiares de las demás víctimas, ¿pensarán también en lo triste que es que esta mujer también haya fallecido? ¿Les darán el pésame a los familiares de esta mujer?

Y con esto, quiero hacer pensar a mis demás lectores: esta es una historia real. Me la contó mi profesor en japón.

Mi universidad, Sophia, hace intercambios con universidades de todo el mundo. Y hace unos años, uno de estos estudiantes también perdió la vida en un accidente.

Este estudiante de intercambio, coreano, estaba en la estación de tren de noche, a punto de coger un tren (de los últimos), cuando vio que había un joven japonés que estaba ebrio y que caminaba serpenteando que, de golpe, cayó a la vía mientras se acercaba el tren. Saltó a la vía dispuesto a ayudarlo.
Una de las normas de japón estipula que debajo de las plataformas de tren debe haber un hueco para que una persona pueda esconderse en caso de una emergencia.
Los dos iban a colocarse allí cuando, por desgracia, dicho hueco no estaba.
Murieron los dos.

Creo que todos pensamos lo mismo mientras escuchamos la historia, tanto mis compañeros de clase como yo. "Qué horror... viene aquí a estudiar, va a salvarle la vida a un japonés... y fallece".
El profesor nos miró muy serios, con una sonrisa muy triste, y nos dijo:
-El padre del japonés que estaba ebrio se arrodilló ante el hombre coreano y le pidió disculpas.
Asumió toda la responsabilidad de la muerte del otro joven, mientras también cargaba con el dolor de la pérdida de su propio vástago.
El hombre coreano, que no me cabe duda que estaba sufriendo, le dijo:
-Ambos hemos perdido a un hijo, tu dolor es igual que el mío.

Dan ganas de llorar, ¿verdad?

3 comentarios:

LNS dijo...

Sí, la historia es muy triste... y sí, es una gilipollez que la gente deje de ir a la cafetería cuando precisamente los negocios que compran los chinos tienen fama por algo: si algo funciona, no cambian la fórmula (mismos distribuidores, misma carta... muchas veces se quedan con el/la cocinera de antes para que no cambie ni la forma de preparación de los pinchitos, las tapas y los menús), sólo los dueños.

La xenofobia es algo extraño, grave... y en España está bien visto.

¡Oh! Se te olvidó contar algo de la historia del chico coreano: el hueco en previsión de caídas a la vía no es que no estuviera porque pase como aquí, que el gobierno obliga a la eliminación de las barreras arquitectónicas pero en la estación de Sant Andreu Arenal de Barna,sin ir más lejos, es IMPOSIBLE bajar con cualquier tipo de impedimentos porque hay una laaaarga escalera no mecánica y no hay ni ascensores. El hueco no estaba porque estaban haciendo obras de mejora; sin duda una triste ironía.

Carolina Bensler dijo...

Aquí, como en otros países se hubieran liado a hostias por lo mismo que comentas, odios y tonterías varias.

Lo de la cafetería que comentais, desconozco cual es puesto que hace mucho que no salgo de casa para ir a tomar algo, pero sea cual sea, es una pena que la gente deje de ir por el cambio de dueños.

LNS dijo...

¡Es la cafetería de la manzana de debajo de la tuya! Ya sabes, espaciosa, luminosa, con acceso a cierta plaza, enfrente de mi librería favorita... ¡blanco y en botella!