lunes, 14 de junio de 2010

Buenas noticias

Debido a mi trabajo, es necesario que esté al día de todo lo que ocurre en Japón, pero por culpa de los exámenes (¡que por fin han acabado!) he estado un poco desconectada (¡MUY! desconectada). Tanto, que no me enteré de que Hatoyama, el primer ministro japonés, había dimitido y que lo había sustituido un hombre apodado "Ira Kan" (Kan, el irritable).
Y tan merecido es este apodo: en una rueda de prensa, cuando los periodistas comenzaron a avasallarlo a preguntas, éste comentó que "¿Acaso no hemos hablado de cosas más importantes?".
Impresionante, ¿verdad?

Pues lo que quería decir es que hoy he leído varias noticias, muchas trágicas, y una que me ha hecho sonreír.
Es la historia de tres hermanos, el mayor de 10, el mediano de 4 y la pequeña de 1.
Cuenta el artículo que el padre los estaba metiendo en el coche para ir a la guardería y se fue un momento, cuando el coche comenzó a llenarse de humo.
El mediano corrió a avisar a sus padres mientras que el mayor cogió a la pequeña.
El coche, que comenzó a arder, aparentemente no contenía nada que pudiera causar ninguna chispa o algo parecido y la policía lo está investigando...

Pero me ha parecido una historia bonita.

Igual que cuando hace unos meses, dos jóvenes estudiantes escucharon a un bebé llorar en un segundo o tercer piso, de cuya ventana salía humo.
Los dos treparon por la tubería y entraron por la ventana, cogieron al bebé y lo salvaron de lo que hubiera sido una muerte trágica.

No estoy diciendo, por supuesto, que esto sólo ocurra en Japón: ni mucho menos, historias bonitas, historias que hacen que no pierdas la esperanza, ocurren en todas partes.

sábado, 12 de junio de 2010

"Tu dolor es igual que el mío"

Acabo de escuchar por la radio una tragedia, una noticia que describe un accidente de coche y cuatro víctimas mortales. La causa parece ser (remarco que es que "PARECE SER" porque no he empezado a escuchar en serio la noticia hasta casi después de la mitad) que una conductora de nacionalidad china ha invadido el carril contrario y ha ocasionado dicho accidente. Si no he oído mal, una de las víctimas era un menor de edad.

Pienso y reflexiono sobre esta tragedia y no puedo evitar estremecerme.

Mi experiencia me ha demostrado que a la gente le gusta echar la culpa, la gente evita responsabilidades y si puede convertir su dolor en odio, lo hará con gusto.

Y, si le añadimos a esto que hace poco he tenido que hacer un trabajo que involucraba la palabra "xenofobia", me he sentido un poco intranquila.

Espero, espero de verdad, que por culpa de esta tragedia no se cometan más crímenes morales y éticos contra la población china en este país. Padres, familiares y amigos de las víctimas estarán tristes, destrozados, no lo dudo, pero ruego desde aquí que por eso no se odie a la comunidad china. Suplico a quien me escuche que nadie que esté pasando por un momento tan crudo tenga que contaminar ese sentimiento tan profundo y triste con algo tan corrupto e impuro como el odio. Y más cuando ese odio es como la xenofobia, una aversión contagiosa y peligrosa, más siquiera que la invasión de un carril.

¿Por qué digo todo esto? Porque la xenofobia es algo que está más presente en nuestra sociedad de la que nos esperamos: una misma servidora aún recibe miradas extrañas de personas que me conocen desde que soy pequeña. Y yo aún he tenido suerte, porque la familia china que ha vivido siempre con nosotros sí que son poco apreciados, poseen numerosos restaurantes y tiendas y ahora la cafetería más conocida y apreciada.

¿Por qué ahora nadie va a esa cafetería? Casi siempre que entro, está vacía.
¿Por qué los clientes les gritan a los camareros? Son chinos, no están sordos, y te entienden.
Incluso una mujer de aquí dijo "Es que no me gusta ir allí... verás, la revista tal ha dicho que son malos y que es mejor no ir" o, lo que es peor, "¡Es que me ponen nerviosa! Entro, y vienen enseguida y me preguntan qué quiero".

No sé si reír o llorar, porque no hace ni falta que comente lo absurdo y estúpida que es esta afirmación.

Pero volviendo al tema: una tragedia es una tragedia. Lo digo porque tengo la fría y escalofriante certeza, ¿quién habrá pensado en ella, en la mujer china? Los familiares de las demás víctimas, ¿pensarán también en lo triste que es que esta mujer también haya fallecido? ¿Les darán el pésame a los familiares de esta mujer?

Y con esto, quiero hacer pensar a mis demás lectores: esta es una historia real. Me la contó mi profesor en japón.

Mi universidad, Sophia, hace intercambios con universidades de todo el mundo. Y hace unos años, uno de estos estudiantes también perdió la vida en un accidente.

Este estudiante de intercambio, coreano, estaba en la estación de tren de noche, a punto de coger un tren (de los últimos), cuando vio que había un joven japonés que estaba ebrio y que caminaba serpenteando que, de golpe, cayó a la vía mientras se acercaba el tren. Saltó a la vía dispuesto a ayudarlo.
Una de las normas de japón estipula que debajo de las plataformas de tren debe haber un hueco para que una persona pueda esconderse en caso de una emergencia.
Los dos iban a colocarse allí cuando, por desgracia, dicho hueco no estaba.
Murieron los dos.

Creo que todos pensamos lo mismo mientras escuchamos la historia, tanto mis compañeros de clase como yo. "Qué horror... viene aquí a estudiar, va a salvarle la vida a un japonés... y fallece".
El profesor nos miró muy serios, con una sonrisa muy triste, y nos dijo:
-El padre del japonés que estaba ebrio se arrodilló ante el hombre coreano y le pidió disculpas.
Asumió toda la responsabilidad de la muerte del otro joven, mientras también cargaba con el dolor de la pérdida de su propio vástago.
El hombre coreano, que no me cabe duda que estaba sufriendo, le dijo:
-Ambos hemos perdido a un hijo, tu dolor es igual que el mío.

Dan ganas de llorar, ¿verdad?

jueves, 10 de junio de 2010

Seguimiento

Contrario a lo que muchos se piensan, cuando debe ocurrir algo importante, no tiene por qué haber ningún presentimiento involucrado. No es que me haya pasado nada importante o inesperado el día de hoy (qué va, ha sido relajado pese a que tengo un examen que pinta mortal mañana), pero algo ha hecho que me lo planteara.

Estamos demasiado acostumbrados a ver películas, o series, o oír historias, o leerlas, o escribirlas, historias donde el protagonista (en este caso, uno mismo) siempre sabe que algo va a ocurrir porque "lo presiente".

¿Alguna vez fui capaz de presentar que iba a irme a Japón? ¿Alguna vez fui capaz de presentir que la vida que llevo ocurriría?
Creo que siempre he tenido unas cuantas cosas claras, pero que, como todos, hay muchas cosas que desconozco y me sorprenden, decepcionan o alegran.
¿Sabía que iba a irme a Japón? Creo que en el fondo siempre lo supe.
¿Sabía que iba a estudiar japonés? Creo que en el fondo siempre lo supe.

Porque esas son las cosas que uno mismo puede controlar, ¿verdad?. Aunque uno mismo no puede decidir si su nota será lo bastante alta como para que le den japonés, o aunque uno mismo no sepa que le van a dar la beca, en el fondo creo que siempre supe que me iba a tocar.

He tenido mucha, mucha suerte, ¿verdad?

A veces me pregunto qué fue de mi karma. Por todo lo bueno que ocurre, ¿acaso no dicen que debe ocurrir uno de malo?
Tiemblo al pensar en ello. La vida me ha dado muchas cosas buenas, ¿qué me va a quitar a cambio más adelante?

martes, 8 de junio de 2010

Los que hacen huelga y los que aprovechan la ocasión para volverse estúpidos

No voy a decir en ningún momento que esté en contra de esta huelga. Ciertamente, me parece desconcertante que se rebaje el 5% de los salarios, que se congelen las pensiones, etc.

Pero los hay que hacen huelga de forma justa (porque son funcionarios, porque tienen el derecho de hacer huelga y ejercerla) y los hay que, como bien he anunciado en el título de esta entrada, aprovechan la ocasión para rebajar de forma sorprendente su cociente intelectual.


Ayer escuché en la estación de los FGC que se cambiarían los horarios y se ofrecerían únicamente los servicios mínimos, así que por precaución decidí averiguar qué clase de servicios mínimos eran esos. Comprendo que los servicios mínimos se comprendan por la mañana y por la tarde (cuando la gente va y cuando la gente vuelve del trabajo o loos colegios/institutos/universidades)...
¿Pero HOLA? Poner SÓLO esos horarios limita a quién debe viajar (y que no tenga el horario clásico de 9 a 5) a: ir pronto al sitio en cuestión o a volver pronto. En el caso de una servidora, he tenido que decirle a mi jefe que no podré ir porque no podré desplazarme hasta barcelona y mucho menos volver (voy a BCN al mediodía, no por la mañana, y vuelvo de noche, no por la tarde).
Servicio mínimo para muchos, y para unos pocos un servicio inexistente.
Cabe remarcar que esto, en Tokio, no ocurriría nunca. Nun. Ca.


Otra perla.
Hoy he tenido el examen final de japonés, y muchos otros alumnos no han podido venir porque no podían permitirse volver a las 17h. Así que por eso ha habido otros cambios y líos y molestias... Claro, yo he ido andando, pero muchos que han llegado me han dicho:
"Se ve que por la mañana, muy temprano, han destrozado los autobuses de la autónoma, unos piquetes... y se han puesto en medio de las vías"
¿En medio de las vías? Pues si os atropeyan... en serio, no quiero oír quejas.
Y ahora lo segundo y lo que me ha dejado más de pieda: ¿que han roto los autobuses?

Pero a ver, ¡¡que estamos en CRISIS; GILIP*LLAS!! (y quienes me conocen sabrán que no me gusta maldecir usando palabras crudas cuando escribo)
Para empezar, sois estudiantes, ¡NO funcionarios! Segundo, ¿para qué rompéis las ventanas que cuestan un PASTÓN que pagamos con nuestros IMPUESTOS? ¡Eso supone una pérdida de quién sabe cuantos centenares de euros...!

Que alguien me explique... porque esta es otra: ¿cómo es posible que esta gente tan SUBNORMAL (otra vez) sean UNIVERSITARIOS? ¿No se supone que los universitarios tenemos formación, somos inteligentes, somos gente con cultura y educación? ¡¡ES DE CAJÓN!!
Si son ESTOS los universitarios que en unos años van a llevar el mando del país y de las grandes empresas... en serio, me quiero ir corriendo, aunque sea a pie.

¡Es desesperante, dan ganas de cogerlos a todos y pegarles cuatro gritos, por no decir meterles cuatro leches! (el tema de la "violencia infantil" es otro tema caliente y muchas veces debatido con LNS).

No entiendo nada... ¿por qué la gente no piensa? Es que no es tan difícil...

Es que España... ¿a ver, cóbrales a los ricos la cantidad de dinero que quieras, vale? Pero haz el favor que no reducir la plantilla de médicos, de no reducir la cantidad de medicinas, de no descontentar la plantilla de sanidad de este país. Que a este paso nos volveremos locos y no habrá manicomio que nos acoja. Y, sobretodo, no reduzcas las inversiones en investigación, y mucho menos en educación. La educación del sistema público español es de RISA a nivel europeo (he comprobado mi ignorancia del mundo cuando hablaba con mis amigos de europa que conocí en Japón, y no soy precisamente de las tontas que rondan este país)... No cabe decir que hacer que los niños sean imbéciles no ayudará el país en un futuro, ni cercano, ni lejano.

¿Por qué no seguimos el ejemplo de países desarrollados como Alemania? (no lo digo por ser alemana, aunque debo admitir que es en ocasiones como éstas cuando me siento orgullosa). Alemania ahorrará 80.000€ en gastos públicos y todos se apretarán el cinturón: lo único que quedará intocado será la investigación y la educación (¡gracias! Un país con un poco de sentido común)

¿Llegará alguna vez el día en que cuando lea un periódico no tenga unas ganas irrefrenables de llorar?

domingo, 6 de junio de 2010

Sueños

Soy de esa clase de personas que no son conscientes de estar soñando. Es decir, para mí un sueño mientras lo vivo es una realidad, por muy absurdo que sea. Si sueño que el cielo se rompe, la yo de ese sueño creerá que es real hasta que no se despierte. Si sueño que quieren asesinarme, el terror que sentiré en ese momento será tan real como si ocurriera de verdad.

Esta noche he soñado que estaba en Shibuya, Tokio, que había llegado hasta allí en avión. Tenía que quedarme allí un mes: pero sólo tenía 6000 yenes (poco, muy poco) y tenía que sobrevivir con eso.

¿Qué es lo raro? Que en ningún momento me estresé (y sí, por lo que he explicando antes, he llegado a estresarme en mis sueños), sino que me lo miraba con optimismo. ¿No tengo dinero? Qué más da, estoy en Japón, no necesito nada más. ¿Comer? Claro, sí, comer tendré que comer algo, pero no me preocupa. Estoy aquí, estoy donde quiero estar.

Me he despertado y pese a que no tengo que preocuparme por tener un techo sobre mi cabeza o comida en la mesa, me siento extrañamenta desamparada.

martes, 1 de junio de 2010

Los años pasan

Hola a todos de nuevo,

Han ocurrido tantas cosas en el transcurso de este año pasado.
El año pasado me desperté este mismo día en Tokyo y el mundo era mío, las decisiones mías, y mi sueño era mi realidad. No estoy diciendo, claro está, que mi vida era perfecta, ni que ahora sea espantosa; simplemente era distinta.

En estos momentos, lo que me ocurrió ese 1 de junio le ocurría a otra chica, y que una servidora se ha quedado aquí en stand-by.

Es como los saltos temporales, como vidas alternas, universos paralelos.

¿Me he hecho mayor? ¿He aprendido cosas? ¿He madurado? ¿Me he vuelto más adulta?

Si me colocase a mí misma ahora y hace un año, ¿cambiaría? (sin contar ropa, peinado, etc.) ¿Notaría una diferencia?

Antes reía y ahora sigo riendo, ¿es lo mismo? ¿Sonaría igual?