lunes, 22 de marzo de 2010

Tokio, 20 de marzo de 1995

En Tokio, el 20 de marzo de 1995 se produjo uno de los mayores ataques terroristas domésticos en la capital nipona.

Una secta religiosa llamada Aum Shinrikyo liderados por Asahara Shoko se ocupó de este ataque que acabó con la vida de 13 personas y 6252 personas resultados heridas (50 de gravedad, 984 con problemas de visión)*.

Como todos sabéis, Tokio es una ciudad famosa por los viajes en tren y sus hora punta: no es extraño que el tren esté tan concurrido que no quepa nadie más, ni es broma la profesión de "empujador" que se encargan de empujar a los más desesperados por entrar. Incluso tengo entendido que tampoco es una rareza que la gente se rompa una costilla por culpa de dichos altercados.
Así que imaginaos que cinco personas entran en un tren, cubiertos por una bufanda o las míticas máscaras quirúrgicas que son comunes en invierno para prevenir resfriados (acción que defiendo, porque así el nivel de contagio disminuye)... y dejan caer unas bolsas envueltas en papel de periódico y lo pinchan con la punta del paraguas...

Ese líquido era sarin: una gota del tamaño de la cabeza de una aguja es suficiente para mata a una persona.
Es 500 veces más tóxico que el cianuro.

El caos era tremendo, especialmente porque nadie sabía lo que estaba pasando. La gente empezaba a marearse y a toser, y no comprendían el por qué.
A la que pudieron se bajaron de las estaciones, pero algunos se desmayaron.
Trabajadores de las estaciones recogieron las bolsas (¡no sabían lo que era!) y murieron por lo letal que era ese veneno.

Nadie comprendía nada.

De entre los efectos secundarios de estar en contacto con dicho veneno están:

Coma, convulsiones, muerte, dificultad a la hora de respirar, pesadillas, sensibilidad a la luz, espuma por la boca, fiebres muy alta, síntomas gripales, pérdida de conocimiento, pérdida de la memoria, diarrea, náuseas, vómitos, parálisis, estrés postraumático, ataques, temblores incontrolables, problemas de vision (temporales y permanentes)**


¿Por qué hablo de este caso ahora? Porque hace apenas 15 años de dicho ataque, y porque al darme cuenta recordé que tenía en casa un libro de Murakami Haruki (Underground) que habla sobre el tema. En él entrevista a los sobrevivientes de dicho ataque, y los entrevistados describen con mucho detalle todo lo que vivieron.

Parece una historia de ficción, por eso, cuando uno descubre que es verdad, a uno se le pone la piel de gallina.

¿Por qué pasan este tipo de cosas?


*Datos extraídos de la Wikipedia.
**Datos extraídos de la Wikipedia.

1 comentario:

LNS dijo...

Por lo general sabes que mi opinión es que la religión mata a más gente que almas salva.

Los fanáticos son peligrosos, peligrosísimos. Lo que los hace más peligrosos es precisamente que nunca sabemos quiénes son, ni hasta dónde pueden llegar.

En España estamos extrañamente insensibilizados hacia esta clase de atrocidades, la sobreexposición a la tragedia nos ha vuelto un poco más insensibles que a otros países en temas de terrorismo.

Pero aun y así el corazón se encoge una vez más al recordarnos lo que no queremos saber: que el ser humano es capaz de realizar auténticas atrocidades; y nuestro horror se magnifica ante el hecho de que no eres víctima por motivo de tus ideologías, sino simplemente porque te levantaste esta mañana porque tenías que hacer algo. Ir a trabajar, a estudiar, a acompañar a alguien a alguna parte, o simplemente a hacer la compra, para no volver.

Es el conocimiento de que nuestras vidas son así de frágiles y de que hay monstruos entre nosotros lo que hace que nos tapemos la boca sin darnos cuentos de ello cuando alguien nos cuenta o nos recuenta una tragedia como estas.

Recordando los atentados de Hipercor o de Atocha aún nos pone los pelos de punta por aquí, y saber hasta qué punto amados o conocidos estuvieron tan cerca de la tragedia en algunos puntos, o directamente la sufrieron en sus propias carnes... buff.

El fanatismo mata.